Hay estilos que no desaparecen porque nunca buscaron gustar a todos.
El grunge es uno de ellos.
Nació como ruido y resistencia, y hoy vuelve como una declaración estética:
la belleza de lo vivido, lo roto, lo sincero.
Y es precisamente en los espacios de moda vintage —como en NoNoNo Store Alicante— donde el espíritu grunge sigue respirando.
A comienzos de los noventa, mientras la moda global brillaba con el lujo y la pulcritud del minimalismo, en Seattle unos jóvenes con camisas de franela y vaqueros rotos estaban creando un movimiento que cambiaría la historia.
Kurt Cobain, Pearl Jam, Soundgarden — no seguían una estética, creaban una actitud.
Pantalones gastados, cardigans enormes, camisetas lavadas, chaquetas militares, botas usadas.
No era moda: era autenticidad indomable.
Treinta años después, el grunge vuelve, pero no como nostalgia.
Vuelve como forma de expresión personal, libre y consciente.
En tiendas vintage de Alicante y otras ciudades creativas, el estilo se reinventa con:
camisas de franela originales de los 90,
chaquetas vaqueras Wrangler o Lee,
sudaderas Replay o G-Star RAW,
pantalones Takeshy Kurosawa o Drykorn con cortes experimentales,
accesorios metálicos, botas y tejidos con historia.
Cada prenda imperfecta es una declaración: lo usado es real, lo real es bello.
En un mundo filtrado y repetitivo, el grunge representa un refugio para los que buscan autenticidad.
Es el arte de no parecer, de vestirse sin miedo al desorden.
Por eso la Generación Z lo ha adoptado con entusiasmo: customizan, reciclan, mezclan.
El grunge y el vintage se funden en una misma idea — libertad creativa.
Vestirse grunge no es descuido.
Es una forma de decir “no necesito tu aprobación”.
El vintage y el grunge comparten la misma raíz: buscar significado en lo que ya existe.
Como dice Federica Flavia:
“El grunge no es solo moda. Es el uniforme de la libertad.”
Some styles never fade — because they were never made to please everyone.
Grunge is one of them.
It was born as noise, rebellion, and honesty.
And today, through vintage culture, it’s once again the voice of those who prefer being real over being perfect.
In the early ’90s, while the fashion world was polished and corporate, Seattle was making noise.
Kurt Cobain, Pearl Jam, Soundgarden — they didn’t follow fashion; they redefined it.
Flannel shirts, worn-out jeans, oversized sweaters, military jackets, dirty boots.
It wasn’t a look. It was a state of mind.
Thirty years later, grunge is back — not as a costume, but as a language of freedom.
It’s the meeting point between imperfection and individuality.
In NoNoNo Store Vintage Alicante, the grunge spirit lives through:
original 90s flannel shirts,
Wrangler or Lee denim jackets,
oversized Replay and G-Star RAW hoodies,
experimental Drykorn or Takeshy Kurosawa pants,
heavy boots, layers and attitude.
Every flaw tells a story — every crease is a signature.
In a world addicted to filters, grunge is the art of being unfiltered.
It’s about choosing meaning over polish, chaos over control.
No wonder Gen Z has embraced it: they mix, they repurpose, they reinvent.
For them, vintage and grunge are not opposites — they’re two sides of the same truth: self-expression through authenticity.
Grunge isn’t about dressing badly.
It’s about dressing honestly.
Vintage makes that possible — because every piece carries history, emotion, and freedom.
As Federica Flavia says:
“Grunge isn’t a style. It’s the clothing of freedom.